domingo, 5 de marzo de 2017

Alegría (y tristeza) de la tierra: Eco cultura o la reunión de lo separado

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Alegría (y tristeza) de la tierra

Archivo visual.cl

Eco cultura o la reunión de lo separado

Dicen los sabios taoístas que no se puede de agua llenar un vaso que ya está lleno, pues sólo conseguiríamos rebosarlo.  Una verdad tan sencilla parece una tontería, pero no lo es. 

Estamos llenos de conceptos e ideas que fueron impuestos sin reflexión, muchas impulsados por intereses particulares de cualquier tipo, sino aprendemos a vaciar un poco el vaso del contenido viejo no podremos asimilar el nuevo en nuestras mentes, nuestras almas y nuestros corazones, he allí donde adquiere sentido esta enseñanza oriental.

Uno de estos casos es el de la separación u oposición irreductible entre naturaleza y cultura como si fuesen dos realidades de mundos extraños e incomunicados entre sí.  El mundo de la tierra, las plantas y los animales frente al mundo de los seres humanos.

Esta es una idea impuesta en parte de una primera antropología y de cierto humano centrismo que pretendió enseñorearse destructivamente sobre la naturaleza propia y ajena con las consecuencias trágicas incontrolables que padecemos hoy día a escala global.

A quienes nos hemos formado en algún cultivo de las letras, las artes, de las humanidades, se nos enseñó a mirar con desconfianza el increíble mundo físico y material que nos rodea mientras que a los estudiosos y trabajadores de la naturaleza se les despojó de cualquier relación trascendente con ésta.

Este es un problema del llamado hombre moderno o contemporáneo, pero no lo ha sido para las llamadas culturas primitivas, originarias, tradicionales o campesinas, para quienes la naturaleza está ínsita en la cultura y la cultura permea con sus simbolismos e ideas todo cuanto nos rodea.

Por ello me gusta mucho el término “Eco cultura”, es decir, una aproximación a una cultura que no niega nuestra pertenencia y lugar a la naturaleza, que percibe un continuo entre las formas naturales y las formas creadas por el hombre, más allá de que existan algunas contradicciones y puentes rotos.

Lo resumiría en la imagen de un científico, intelectual o trabajador urbano que cuide de un bosque, una montaña o un río; de un poeta, escritor o artista, que protege compasivamente a los animales o que siembra un jardín e incluso un pequeño huerto de forma agroecológica, en la imagen de una aborigen o de una campesina, que canta o recita versos mientras cultiva o transforma un alimento a partir de sus saberes milenarios.

                                             Wilfrido González Rosario

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