viernes, 10 de marzo de 2017



Alegría (y tristeza) de la tierra

“Asistir”:  el cuidado amoroso de las plantas

“Asistir”:  es una hermosa palabra dicha por nuestros campesinos andinos que se refiere al cuido puntual y amoroso a las plantas de un cultivo.  Yo digo que es un cuido amoroso que se caracteriza por un acompañamiento en el tiempo cíclico de la naturaleza.

Como sabemos “Asistir” es un verbo, tipo de palabra que en la mayor parte de sus casos denota acción, por lo que claramente asistir es ante todo una acción, o mejor dicho un conjunto de acciones, pero dotadas de una actitud de cuido protector, de respuesta inmediata y precisa.

Estas acciones suelen ser:  desyerbado, preparación del suelo, siembra, abonado, poda, prevención y/o combate a plagas, tutorado, riego.   Para este cuido se requiere observación atenta, disposición diligente, ejercicio de la inteligencia, a partir de la experiencia, la investigación y la innovación, para dar respuesta a las necesidades y desafíos que se presenten.

Digo cuidado amoroso porque lo que caracteriza al amor es la responsabilidad, es decir, la actitud de responder a tiempo a las necesidades del otro (sea el planeta, la tierra, un río, una montaña, un ser humano, una planta o un animal).  Evidentemente, estará usted pensando lo mismo que yo:  no amamos a nuestro planeta pues no lo estamos cuidando amorosamente.

Esta actitud de “asistir una planta o mata”, dicha por los campesinos andinos, corresponde a una concepción devocional y sagrada del mundo donde somos parte de un todo organizado espiritualmente y donde el hombre y la mujer son parte de ese designio existencial.  El amor es como una corriente que vivifica el universo.

Podemos ver en la huertas y cultivos de los campesinos de los que hablo, esa atención y ese cuido, esa actitud laboriosa y meditativa a un tiempo, consciente, responsable, que, en la mayor parte de los casos, es también medida de referencia para otras acciones de la vida.

A veces he pensado que nuestra sociedad -me refiero especialmente a mí país petrolero, modernizado a troche y moche, contradictorio-  evidencia mucho descuido en muchas actitudes y acciones cotidianas de las relaciones interpersonales, del cuido de los lugares y de los espacios públicos, de la naturaleza. Priva el desinterés, la indiferencia, la verbosidad crítica excesiva sin compromiso ni acción.

Si fuésemos capaces de recuperar ese orden organizativo y espiritual, “accional” y actitudinal de asistir a cuanto vive y existe, es decir, “asistir” a los niños y a los jóvenes en tiempo presente, respondiendo amorosamente, actuando debidamente, así como a las instituciones en que laboramos, espacios públicos de nuestras ciudades, nuestra naturaleza exuberante… tan sólo eso implicaría una transformación profunda y radical de nuestra sociedad.

Empecemos por nosotros…. Asistir es nuestro deber con las nuevas generaciones y con el mundo que debemos legarles.


                                    Wilfrido González Rosario


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar con nosotros en este blog