Alegría (y tristeza) de la
tierra
“Asistir”: el cuidado amoroso de las plantas
“Asistir”: es una hermosa palabra dicha por nuestros
campesinos andinos que se refiere al cuido puntual y amoroso a las plantas de
un cultivo. Yo digo que es un cuido
amoroso que se caracteriza por un acompañamiento en el tiempo cíclico de la
naturaleza.
Como
sabemos “Asistir” es un verbo, tipo de palabra que en la mayor parte de sus
casos denota acción, por lo que claramente asistir es ante todo una acción, o
mejor dicho un conjunto de acciones, pero dotadas de una actitud de cuido
protector, de respuesta inmediata y precisa.
Estas
acciones suelen ser: desyerbado, preparación
del suelo, siembra, abonado, poda, prevención y/o combate a plagas, tutorado,
riego. Para este cuido se requiere observación
atenta, disposición diligente, ejercicio de la inteligencia, a partir de la
experiencia, la investigación y la innovación, para dar respuesta a las
necesidades y desafíos que se presenten.
Digo
cuidado amoroso porque lo que caracteriza al amor es la responsabilidad, es
decir, la actitud de responder a tiempo a las necesidades del otro (sea el
planeta, la tierra, un río, una montaña, un ser humano, una planta o un animal). Evidentemente, estará usted pensando lo mismo
que yo: no amamos a nuestro planeta pues
no lo estamos cuidando amorosamente.
Esta
actitud de “asistir una planta o mata”, dicha por los campesinos andinos,
corresponde a una concepción devocional y sagrada del mundo donde somos parte
de un todo organizado espiritualmente y donde el hombre y la mujer son parte de
ese designio existencial. El amor es como
una corriente que vivifica el universo.
Podemos
ver en la huertas y cultivos de los campesinos de los que hablo, esa atención y
ese cuido, esa actitud laboriosa y meditativa a un tiempo, consciente,
responsable, que, en la mayor parte de los casos, es también medida de
referencia para otras acciones de la vida.
A
veces he pensado que nuestra sociedad -me refiero especialmente a mí país petrolero,
modernizado a troche y moche, contradictorio-
evidencia mucho descuido en muchas actitudes y acciones cotidianas de
las relaciones interpersonales, del cuido de los lugares y de los espacios públicos,
de la naturaleza. Priva el desinterés, la indiferencia, la verbosidad crítica
excesiva sin compromiso ni acción.
Si fuésemos
capaces de recuperar ese orden organizativo y espiritual, “accional” y
actitudinal de asistir a cuanto vive y existe, es decir, “asistir” a los niños y
a los jóvenes en tiempo presente, respondiendo amorosamente, actuando
debidamente, así como a las instituciones en que laboramos, espacios públicos de
nuestras ciudades, nuestra naturaleza exuberante… tan sólo eso implicaría una transformación
profunda y radical de nuestra sociedad.
Empecemos
por nosotros…. Asistir es nuestro deber con las nuevas generaciones y con el
mundo que debemos legarles.
Wilfrido González
Rosario

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar con nosotros en este blog