RECONOCIMIENTO
Y VALORACIÓN DE LAS CULTURAS POPULARES EN JOSÉ MANUEL BRICEÑO GUERRERO
GONZÁLEZ ROSARIO, Wilfrido José
RESUMEN
Sin
alcanzar una revisión exhaustiva de su obra escrita –mucho menos de los
registros audiovisuales de sus conferencias, entrevistas y conversatorios- pero
sí a partir de ensayos cruciales que forman parte de la tradición crítica
latinoamericana como América Latina en el Mundo (1966), La Identificación
americana con la Europa Segunda (1977), Europa y América en el pensar mantuano
(1981) y el Discurso salvaje (1980) –recogidos en El laberinto de los tres
minotauros (1997)-, pasando por discursos y artículos esenciales como Identidad
y cultura popular (1998) y la Situación y autoconsciencia cultural de América
Latina y el Caribe (2005), para llegar a textos a un conjunto de textos de
ficción de Jonuel Brigue, publicados entre 1987 y 2011, seguimos la pista y los
hitos de la referencia a las culturas populares, su reconocimiento a
contracorriente y valoración inusual y desprejuiciada, que hacen de su
pensamiento un venero para investigadores de los saberes y prácticas
tradicionales en el paso abismal de
nuestra identidad y diversidad cultural, en las posibilidades de proyectos
culturales auténticos como pueblos y culturas emergentes en nuestra compleja
condición heterogénea y en los tiempos críticos de la humanidad actual.
“he
decidido que el recogerme a clarificar ciertos conceptos
resulta más valioso que el sombrío deambular irresponsable
por el laberinto sonambúlico del tiempo.”
¿Quién desconocido, quién oculto, quién planta de noche
en nuestra sementera tan extraños yerbajos?
La
obra de José Manuel Briceño Guerrero (1929-2014) se asemeja a una magnolia que se despliega
gradualmente hasta restallar en una flor extraordinaria, es decir, que de algún
modo, todo su ser inédito ya se hallaba contenido en su potencia bajo el
capullo, en todas sus preguntas, que en el tiempo irán mostrando posibles
explicaciones y respuestas, a través de diversas expresiones escritas y no
escritas, abiertas y cifradas.
La
temática que nos ocupa es raigal en su pensar y obrar, a saber, la que
partiendo de la inquietud filosófica general del ¿Quién soy? O ¿Quién somos? humano o de la humanidad, se
enraiza en la pregunta filosófica y cultural específica en el ¿Quién soy? o
¿Quién somos? del venezolano o del latinoamericano, lo que conduce al
muy sensible campo de la identidad (es) y de la cultura (s), pero sin eludir el
origen filológico y filosófico de ese arduo inquirimiento.
Si
bien sus interrogantes y elucubraciones debieron acompañarlo desde su amada
infancia, siendo la escritura tan importante en su existencia –como expresión
privilegiada de la autoconsciencia-, podemos precisar un ciclo vigoroso desde
¿Qué es la filosofía? (1962) y “América
Latina en el Mundo” (1962), hasta sus últimos textos y entrevistas transcritas
y filmadas, cuya duración es de no menos de medio siglo, de productiva
generación de ideas en este ámbito temático de las identidades y las culturas.
Lo
expuesto anteriormente lo hemos rastreado y verificado en un conjunto de textos
ensayísticos, discursivos y narrativos que iremos mencionando, sin pretender
con esto haber hecho una lectura exhaustiva de toda la obra del autor, asunto
que corresponderá a una labor futura, dado que sus valiosos aportes en este
sentido son prácticamente hallazgos que no sólo poseen valor teórico sino
también valía estética por lo que se convierte en una búsqueda gozosa y
paciente en que se fusionan el lector-investigador necesariamente.
Se
trata en todo caso de un periplo por los textos ya conocidos recorridos en una
orientación genética, es decir, desde los más antiguos a algunos de los más
recientes. A consecuencia de esto, los textos primigenios han de ser un par de
ensayos, uno de ellos ¿Qué es la filosofía? (1962), un texto relativamente
breve que lleva como título interno (lo que parece más bien su título original) La Filosofía y Nosotros, y el otro de estos
textos, titulado América Latina en el Mundo (1962)
Constituirán
hitos en su producción escrita la trilogía “la identificación americana con la
Europa Segunda (1977), Discurso Salvaje (1980) y Europa y América en el pensar
mantuano (1981) recogidas en el voluminoso El Laberinto de los Tres Minotauros
(1994), así también el discurso Recuerdo y Respeto para el Héroe Nacional
(1983), así como son señeros en la evolución de su pensar los artículos
Identidad y Cultura Popular (1998), La
situación cultural y la autoconsciencia de Latinoamérica y el Caribe (2005), el
ensayo Latinoamérica (2014), la narración inspirada en un viaje al lejano
Oriente Por ti me cuento a China (2007)
y la “novela” nacida en el seno de la cultura del Tamunangue larense El garrote y la máscara (2011), además del ensayo Latinoamérica (2014).
¿Qué
es la filosofía? (1962), es un libro cuyo título parece aludir a un estudio
genérico de la filosofía, sin duda de carácter introductorio, pero cuyo otro
título La Filosofía y Nosotros nos lleva al quid del asunto, es decir, a la
filosofía para nosotros, es decir, para los venezolanos y los latinoamericanos.
Su primer párrafo posee esa contundencia serena de ciertas afirmaciones de este
pensador que se quedan en uno como una pregunta o escozor móvil, permanente:
“Además de sufrir una gran desorientación vocacional, profesional, política,
social, artística y hasta sentimental, los venezolanos estamos desorientados
fundamentalmente en lo que respecta a nuestro ser.” (p.7)
La
condición humana, distinta a la de los
minerales, vegetales y animales es la que confiere tal importancia a la cultura
y al lenguaje, pues si bien compartimos condicionamientos físico-químicos y
biológicos con éstos, trascendemos las limitaciones y cursos de los instintos
animales por lo que requerimos de complejos proceso de aprendizaje:
El
proverbio nuestro “Nadie nace aprendido” describe perfectamente esta situación.
En efecto, el hombre necesita adquirir por aprendizaje lo que no le es dado por
nacimiento. De aquí la necesidad absoluta que tiene de vivir en sociedad y
compartir la cultura que es transmitida de las generaciones adultas a las
generaciones en formación mediante el proceso educativo. Cada hombre es
portador, transmisor y, a veces, creador de cultura. (p.10)
La
pregunta por el ser –propia de la filosofía- si bien se dirige universalmente
en cuanto al ser humano en general, también se desdobla en otra dirección,
orientada, a la diferencia, ya sea, europeo, latinoamericano, venezolano,
trujillano, carachero, es decir, a lo particular, asociado ya no sólo a una
cultura humana sino a culturas específicas. “Las diferentes formas culturales…
están sostenidas y son llevadas por una visión del mundo y de la vida, concepciones
sobre el sentido de totalidad y el puesto del hombre en ella, valores.”
(p.11) Esto haría la diferencia entre
culturas, precomprensiones y comprensiones distintas, donde el lenguaje y la
lengua jugarían un papel determinante.
En su
concepto de cultura incluye la técnica, al religión y los mitos, la moralidad,
el derecho y el arte, siendo los valores, entendidos como “el conjunto de cosas
que se consideran dignas de ser buscadas, conquistadas o preservadas,
realizadas” (p.13) los que dan sentido
al quehacer humano aportando orientación y sostén a sus proyectos, trayendo
como consecuencia no menos importante que: “La cultura dentro de la cual se
“forma” un individuo determina en alto grado su estilo de vida, marca para
siempre su quehacer, modela su sensibilidad y su actitud valorativa, da un aire
característico a su pensar.” (p.15) Es
lo que Morin llaman imprinting o huella y Martínez Miguélez engloba como
“matriz cultural” y “matriz epistémica”. “En cierto sentido, toda vida humana
es artificial. La cultura interpone entre el hombre y la naturaleza una red
simbólica, una rejilla clasificatoria, una óptica valorativa: la cultura
codifica las relaciones con la naturaleza: el hombre nunca está inmerso en el
seno de la naturaleza como un animal en su hábitat'.” (1994, 37)
Otra
idea importante es la de estudiar la creación cultural de los pueblos “Es como
si pudiera hablarse de creación colectiva, de los pueblos como entidades
personoides” (p.15), idea que destacamos dado que adquiere posteriormente
rasgos particulares en el estudio de las fiestas y manifestaciones culturales
populares como el Tamunangue, los Giros de San Benito del páramo o los Pastores
del Niño Dios de San Miguel.
Quizás
lo más importante de este libro en el tema
que nos ocupa sea que junto a la preocupación filosófica universal de la
identidad humana tiene cabida una preocupación cada vez más importante en las
identidades humanas, en la diversidad, en la búsqueda de respuestas filosóficas
no sólo para el ser humano –la humanidad-, sino para también para el
latinoamericano, el venezolano –como eje de sus estudios-, en una dialéctica
compleja de lo propio y lo extraño.
En América Latina en el Mundo (1962), otras
ideas se desplegarán en relación con el tema tratado, desde el propio prefacio en
palabras del poeta martiniqués Aimé Cesaire: “Este corazón obsesionado que
corresponde a mi lengua ni a mis costumbres y sobre el cual muerden, como
garfios, sentimientos prestados y palabras de Europa”, que advierten el drama o
la tragedia del ser latinoamericano. El filósofo destaca el peso de la
comunidad, de su cultura, de su lengua, en el individuo que nace y se
desarrolla. Es un marco de pluralidad de culturas, de heterogeneidad manifiesta
pero bajo el asedio de la homogeneización cultural occidental u
occidentalización, impulsada por la expansión indoeuropea de la que la
conquista de América no sería sino una etapa, proceso cultural dominante, que
junto con las migraciones serían a su juicio dos de los acontecimientos más
importantes de la Modernidad.
“Nadie
nace aprendido” como dice nuestro proverbio. El niño no trae consigo respuestas
ya hechas para resolver los problemas que han de presentársele. Tiene que
aprender de las generaciones adultas. Pero ese proceso educativo, espontáneo o
sistemático, presupone la existencia de la comunidad, sin la cual la existencia
del individuo es inconcebible; de ahí la definición del hombre como zoom
politikón: ente que vive necesariamente en sociedad y ha de crear y modificar
sus formas de convivencia. La comunidad posee ya una forma más o menos adecuada
de satisfacer sus necesidades: una estructura económica-política, un sistema de
creencias y representaciones, un conjunto de hábitos y costumbres que rigen el
sentir, el pensar y el hacer de los individuos y del grupo, y, sobre todo, un
lenguaje, conditio sine qua non para la existencia de la sociedad humana. A esa
determinada constitución de cada colectividad, mantenida por la inercia
conservadora de la tradición, llamaremos cultura, incluyendo en este término
tanto los productos materiales y estructurales del hacer colectivo, como el
estilo de la actividad creadora y de la acción. (p.2-3)
Frente
a la occidentalización dominante –la racionalización técnica y científica de
todos los procesos sociales- emerge como consecuencia propia que: “Esas formas,
empero, no han calado profundamente, y así nos encontramos con un modo de vida
colectivo esquizoide, a veces esquizofrénico”,
entre las formas impuestas y otras formas de comportamiento – “una
conducta social orientada por oscuros criterios clánicos y empresas de todo
orden en las cuales predomina la afectividad sobre el intelecto y campea
libremente la magia”., con el grave problema de que “No hay instituciones ni
formas lingüísticas de expresión adecuadas a la idiosincrasia nuestra; tanto
las unas como las otras le han sido impuestas desde afuera, no han sido su propia
creación, ni siquiera las ha modificado suficientemente; por lo tanto tiende a romperlas
y a buscar formas propias, con la voluntad ciega y violencia surgida de la imperiosa
necesidad de devenir lo que es. Pero no puede.” (p.7)
La
tesis anteriormente expuesta es la que desarrollará posteriormente en la
trilogía El Laberinto de los Tres Minotauros, pero en América Latina y el Mundo
se destacará sobre todo la importancia singular del lenguaje y de las lenguas
en el desarrollo humano, tanto individual como colectivo, dado que “todo hombre
es parido a la luz de una cultura determinada”, lo que se mantendrá como una
constante en su pensar
Sin
las más ligera sombra de exageración, podemos decir que el papel de la lengua
en la educación, espontánea o sistemática, es esencial y determinante. Aprender
la lengua materna significa entrar al mundo cultural donde nos tocó nacer, no a
mundo objetivo alguno. El supuesto mundo objetivo está mediatizado por la
lengua materna, como síntesis simbólica de todas las formas culturales. (p.51)
Dada
de la importancia de la lengua en la formación cultural del ser humano, la
imposición de la lengua española como lengua extraña a los nativos, africanos y
sus descendientes, trae como consecuencia una apropiación inadecuada de la
misma al espíritu de esta cultura naciente, puesto que en el mestizaje se daría
la confrontación de “tres tipos culturales diferentes, tres idiosincrasias
heterogéneas, tres Weltanschauungen” (p.71), entendida como: la palabra Weltanschauung (plural
Weltanschauungen es el conjunto de ideas que un hombre o un pueblo tiene acerca
de la constitución del mundo y su puesto en él; es la impresión de conjunto que
le produce su enfrentamiento con el mundo, impresión elevada a la consciencia
por medio del lenguaje. (p.71)
Briceño
Guerrero observa la conflictividad de estas tres Weltanschaunngen, que prefiere
no traducir como “Concepción de mundo” o “Cosmovisión”, por considerarlas
traducciones incompletas del término alemán, reconociendo un cuadro de
heterogeneidades no sólo de pueblos originarios, de africanos desarraigados, de
inmigrantes europeos, sino que ésta conflictividad, a modo de una teoría
psicosocial –y cómo no recordar a Erich Fromm y su teoría sobre el nazismo- se
hunde en los pliegues del lenguaje y en la conciencia individual lo que será
desarrollado plenamente en otros de sus libros y reflexiones.
Séanos
permitido, pues, llegar al siguiente planteamiento del problema: en América
Latina nos encontramos ante un fenómeno humano de doble faz, ante una
inquietante dualidad fundamental. Por una parte, las formas de la cultura
occidental; por la otra, un substrato psicosocial, producto del mestizaje, en
el cual no han penetrado plenamente las estructuras culturales europeas y que
con mayor o menor fuerzas se opone a ellas, entorpeciendo su funcionamiento,
pero sin tener ni poder crear otras formas, otras estructuras que erigir en
defensa de su idiosincrasia. (p.76)
Podríamos concluir de lo expuesto
anteriormente, que si bien no se aborda en estos primeros trabajo de forma directa y específica la problemática de
las culturas populares, si puede observarse la evolución necesaria que parte
del reconocimiento no sólo de una
heterogeneidad cultural latinoamericana sino también de una problemática conflictiva a lo interno de
nuestra cultura, tanto en el plano individual como colectivo. identificada en
América Latina y el Mundo en que “El fenómeno lingüístico latinoamericano se
caracteriza por un lucha entre la actitud nueva y creadora del hablante
mestizo, y la actitud fijada y codificada en la lengua (española o portuguesa).
Una lucha entre el alma del pueblo y el espíritu de la lengua.” (p.99) , que se expresa en el “doble sentido” del
mestizo, lo que revelaría su dualidad o su
triangularidad psíquica.
América Latina se encuentra ante la
disyuntiva, de una lectura pesimista, de
no poseer lengua ni voz propia lo que la llevaría a rumiar en la impostación y
el lenguaje ceremonial, de no encontrar
cauce creativo a la autenticidad de su ser, pero también ante una lectura por
lo menos medianamente optimista, de la búsqueda desesperada y lacerante de sus
propios cauces expresivos –aún no avizorados- intentando trascender su soledad y minusvalía trágica : “Si Latinoamérica ha de hacer
alguna síntesis, ésta debe incluir lo occidental en una unidad superior y no
viceversa” ( p.126)
En El
Laberinto de los Tres Minotauros (1994), constituido por la identificación
americana con la Europa Segunda (1977), Discurso Salvaje (1980) y Europa y
América en el pensar mantuano (1981), la tesis de su pensar adquiere la forma
de tres discursos heterogéneos que se confrontan en la psiquis individual y se expresan en el plano social: “Tres
discursos gobiernan el pensamiento americano. Así lo muestra la historia de las
ideas, la observación del devenir político y el examen de la creatividad
artística.” (p.7) Aún más, tales
“discursos de fondo están presentes en todo americano aunque con diferente
intensidad según los estratos sociales, los lugares, los niveles del psiquismo,
las edades y los momentos del día.” (p.9)
Es de tal movilidad el pensar sobre este asunto que no sólo se asoma al
paisaje dinámico del ser sino a su motilidad intrínseca, volátil.
No es
nuestro propósito ahondar ni en el discurso mantuano de la Europa Primera, ni
en el discurso científico- técnico de la Europa Segunda, ni en el discurso
salvaje, pero si es necesario acotar que éste último es que “se asienta en la
más íntima afectividad” (p.9) y que estos
“se interpenetran, se parasitan, se obstaculizan mutuamente en un
combate trágico” (p.9), sin ganadores, que frustran nuestra vida pública,
nuestro desarrollo social. Otras
interrogante se hace en el Discurso salvaje: “¿Está la conciencia de ser occidental asediada por fuerzas extrañas? ¿O está
la voluntad de ser occidental
contrariada por resistencias bárbaras, desmentidas por una realidad humana
activamente diversa? (1994:215)
Como
se ve la metáfora del Laberinto conlleva la idea de una vía inevitable, de una
confrontación trágica como la de Teseo contra el Minotauro –en este caso tres,
correspondientes a cada discurso, a cada modo de ser-, con lo cual volveríamos
a encontrarnos, con el hado fatal de lo trágico, por una parte, pero por otro
lado, con la hendija de luz, que el mito nos proporciona mediante la valentía
de Teseo y el hilo de Ariadna, ¿más cuál es nuestro hilo de Ariadna? ¿Es un acertijo, un enigma ante la esfinge lo
que nos propone el autor para ser revelado con resultados inesperados? ¿Se esconde bajo el pesimismo plomizo el
temblor de una esperanza en el laberinto de Dédalo?
De
cualquier modo, una América adosada a Europa, a Occidente, como mera expansión
o reproducción, la convierte en seguidora de las modas intelectuales
extranjeras, así lo refiere en Europa y América en el Pensar Mantuano: “¿Cómo
osa usted producir ideas? Las ideas se
producen en la Metrópoli, a nosotros nos toca traerlas y usarlas, cada uno de
acuerdo con sus posibilidades hasta donde le dé su cacumen; pero producirlas
¿cómo se le ocurre? “ (1994:142) De lo
que podría surgir la interrogante: ¿Cómo conocer nuestra América tan sólo con
ideas prestadas?
Sin
duda, si ni siquiera pudiéramos pensarnos con la libertad de engendrar nuestras
propias ideas ni en nuestras originales formas expresivas, mucho menos
podríamos osar en penetrar a profundidad en el reconocimiento y valoración de
nuestra particularidad cultural a través de interpretaciones propias. No
obstante, como el filósofo sí se pensaba a sí mismo –sin denegar tradiciones
europeas y de otros continentes- pero recurriendo también a otros pensadores de
más acá, va realizando observaciones singulares que ya lo relacionan
directamente con las culturas populares al referirse a la conversión de los
aborígenes al catolicismo: “A menudo los protagonistas de la historia de la
pasión del señor encubren un panteón precristiano; las prácticas del culto
católico se hacen con intención mágica; los objetivos litúrgicos se emplean
como fetiches y como ídolos; en las fiestas religiosas se ejecutan danzas
sensuales para garantizar la fecundidad de la tierra, atraer la lluvia o alejar
el granizo.” (1994:155)
En la
introducción al Discurso Salvaje confiesa su negativa a referirlo en el
lenguaje académico, “tan extraño a lo no occidental”, precisando los modos de
observación de este discurso –el más esquivo, el de las otredades-, dado que
trata de “arpegiar lo que he oído como acorde en los escritos, en la tradición
oral y en la conducta de mi gente.” (1994: 211)
como sustituto pobre de la música, más conveniente que este discurso que
la palabra. He aquí que el autor da cuenta de sí no sólo como lector, sino
también como conversador y buen escucha de la tradición oral –vehículo y
reservorio de los saberes tradicionales y populares-, así como también se nos
muestra cómo observador y entendedor de acciones y gestos más allá de lo
verbal. ¿Y de qué otros modos podría
aproximarse a las culturas populares sino así?
Otra
idea sustancial ha de ser la de la imposibilidad del retorno a las raíces
culturales primigenias, es decir, la clausura del camino nostálgico, de la
utopía hacia atrás, del regreso al paraíso perdido. “No podemos reconstruir en
América las culturas africanas de donde provenían los esclavos negros. No
podemos reconstruir en América las culturas precolombinas. Ni siquiera podemos
lograr que sobrevivan intactas las culturas indígenas actualmente vivas en
América. No podemos ni pudiendo.” (1994:247)
Y si no hay retorno al origen, entonces ¿qué hay?.
Quizás
hay el nacimiento de una nueva cultura, pero dónde parece latir, en el lugar
más negado, en las otredades, de los quilombos, en la congregación de los
bárbaros, en las reuniones nocturnales de las montañas, quizás sea ese el hilo
de Ariadna para dar solución al reto desmedido del laberinto, algo que aún no
comprendemos:
Ígneo
testimonio de crepitante expansividad –la proliferación de cultos sincréticos y
aglutinantes donde comparten altar iracundos profetas del Medio Oriente antiguo
y ascetas afortunados de la Edad Media con divinidades originarias del centro
de África, recios negros del más allá tutelares y punitivos, caciques tenaces y
la corte celestial de los indios, todo para sostener cada vez con más fuerza la
imagen de una diosa tan mestiza que ya no depende de ninguno de sus
heterogéneos ancestros. (1994:257)
Quemadas
las naves del retorno quedaría la posibilidad
de la aceptación de sí misma “en su heterogénea plenitud, en su auroral
esplendor” (1994:263), pero dado que El Laberinto de los Tres Minotauros es un
texto dramático y antagónico, también se intuye que tal rostro propio pudiera
no ser más que “el viejo rostro caníbal de Occidente adornado, casi
disfrazado, con los despojos de sus
víctimas.” (p.263).
El
recorrido del laberinto no dejará respuestas contundentes ni definitivas, por
un lado, como ya hemos notado, cierto pesimismo, pero por otra parte,
contrapesando, cierta luminosidad optimista, ante cierta forma de ser y de
vivir, que no está sumida en abstracciones, en despersonalización, en
alienación sino como manifestación de ser:
Cuando
hablo, juego, canto, trabajo, no siento que estoy usando “bienes culturales”,
siento que estoy siendo. Nunca me he visto como una entidad abstracta que
dispone de formas reponibles y se va sirviendo de ellas para manifestarse;
estoy completo en mi canción, soy mi canción.
Voy hacia los demás y hacia las cosas de quién a quién, ni mucho menos
de qué a qué, además voy hacia ellos como si volviera a sí mismo y vuelvo a mi
mismo como si fuera hacia ellos. (Está bravo el páramo). (1994:296)
Con respecto al
discurso Recuerdo y Respeto para el Héroe Nacional (1983) centrado en clave crítica en la identidad nacional, en
el deber ser del liderazgo político, de las universidades –como centros de
conocimiento, reflexión y autocomprensión- y en la memoria y trascendencia del
Libertador Simón Bolívar, sólo
extraeremos unas breves líneas, que muestran cierta valoración de lo popular
cuando se refiere a “la heterogénea nobleza del pueblo”, contravenida por la
mala actuación de los ejercitantes de los poderes públicos.
El
artículo Identidad y Cultura Popular (1998) es un vasto tratado de tres páginas
que desafía nuestras convenciones sobre la cultura. Se argumenta que “La
identidad de la especie no basta. El énfasis en lo universal desestima las
diferencias y en la noche de lo universal todos los gatos son pardos.” (1998:
79) Ante lo cual lo particular, lo
específico, son los que puede
responder “la pregunta del ¿quién soy? o
¿quiénes somos? La pregunta por la identidad pide señalamiento de diferencias
de caracteres propios ante otros hombres o ante otros grupos humanos (p.79) En el intento de comprender nuestra
especificidad cultural dibuja un cuadro complejo:
Veo
en nuestra sociedad una cultura dominante y la supervivencia de culturas
dominadas que persisten no sólo por fragmentos sino también en el esquema
fantasmal de una realidad virtual que se actualiza en facetas, algunas
permanentemente visibles, otras intermitentes, otras esporádicas, pero todas
aprovechando resquicios, fisuras y grietas de la hegemonía. Esa supervivencia
de culturas dominadas en algunas formas abandonadas de la cultura dominante y
en fornicación adúltera con la propia cultura dominante es lo que entiendo por
cultura popular. (1998:80)
El
cuadro expuesto en el párrafo citado corresponde a la visión conflictuada de
los discursos del ser latinoamericano –que es una constante en su pensar-, dada
“la heterogeneidad insostenible de identidades incompatibles” (p.80) pero que
revela una intuición fundamental que acompañará su obra en el porvenir: en
cuanto a las posibilidades creadoras en el seno de las culturas populares:
Veo,
por tanto, que es en ámbito de la cultura popular donde además de la
conservación de lo dominado o desechado heterogéneo se opera la creación de una
identidad nueva que incorpora también a la cultura dominante curándole los
pujos de universalidad abstracta para que forme parte de una individualidad
cultural concreta capaz de enfrentarse a las otras del mundo con rostro propio.
El rostro propio de sus creaciones artísticas, testimonios autoconscientes de
un quién auténtico. (1998:80)
La
cultura dominante es la cultura de la razón segunda, es decir, la asociada al
pensamiento científico y técnico, que no puede producir identidad sino que más
bien desarrolla procesos de aplanamiento, de estandarización, de borrar
particularidades. A pesar de la asimetría
y de la correlación desfavorable de fuerzas late una esperanza que el filósofo avizora:
“No veo cómo la cultura popular va a lograr lo que yo espero de ella. Pero lo
espero con fe irracional.” (1998:81)
Por
otra parte, en el artículo La situación cultural y la autoconsciencia de
Latinoamérica y el Caribe (2005) continúa profundizando no sólo en el tema de estudio sino en el
mirar correspondiente: “Nuestra región como la incoherente y sombría
autoconsciencia que se manifiesta en sus expresiones intelectuales y artísticas:
incoherente y sombría cuando se la mira desde la pasión de unidad de la razón.
Y esto en mayor superior medida, con más tensa intensidad y con más intrincada
complejidad que en cualquier otra región del mundo actual. “(2005:107) Los componentes culturales básicos -europeos, indígenas y
africanos- se combinaron y configuraron
de tal modo que dieron origen a tres tipos de heterogeneidad: horizontal –en la
vastedad del territorio marcadas por la mezcla de culturas distintas en su
esencia-, vertical –sin síntesis, por estratificación sísmica- e íntima –ésta
última observada como esa dinámica interior conflictiva del sujeto
latinoamericano, con sus giros en sus centros de valoración de la realidad-.
Más
allá de la tensión entre cultura dominante y culturas dominadas, de la
resistencia soterrada de las culturas originarias, “todas estas presencias
culturales, se han interpenetrado hasta el punto que, paradójicamente, las
regiones donde no hay negros están llenas de negros, las regiones donde no hay
indios están llenas de indios, las regiones donde no hay criollos están llenas
de criollos… Aún los esclavos puros son impuros.” (2005:110)
Para
poder aclarar la problemática de la situación cultural y la autoconsciencia de
Latinoamérica y el Caribe, que compara con “una mujer `poliándrica que mantiene
relación erótica ambivalente y sadomasoquista con tres amantes distintos.”
(p.110), considera de “gran importancia el estudio de las manifestaciones
artísticas en general” (p.111), señalando que:
De
lo que se trata no es de afianzar y divulgar el discurso oficial para cumplir
sus fines, sino de encontrar la estructuración real y las tendencias que puedan
conducir desde la heterogeneidad caótica hacia una forma de autonomía y
soberanía que permita el despliegue de esas estructuras y tendencias en la
coherencia de lo múltiple conquistada a
partir de la diversidad y sin
suprimirla. Lo que rechazamos en la imposición de moldes foráneos sobre
una realidad cultural que tiene derecho a crear sus formas propias de integración.
(2005: 111)
El
reconocimiento y la valoración de las culturas populares ya es un hecho
tangible e incontrovertible en este artículo, de hecho se profundiza más que en
el anterior, en que se pasa de la esperanza a entrever más lúcidamente su papel
crucial en nuestro desarrollo cultural y general, lo que se afirma
tajantemente: “La artesanía, la arquitectura, las artes plásticas, la danza y
la música en la medida en que pertenecen a la cultura popular son expresiones
auténticas de una autoconsciencia en formación. Tan importante como ellas es la
tradición oral de las culturas dominadas o sus restos presentes en la cultura
popular y las nuevas creaciones dentro de ésta.” (2005:111)
Propone
una hecho extraordinario, a contracorriente de nuestra cultura letrada,
academicista, elitista, dado que ha sido parte de su periplo como pensador,
escritor y como académico, conciencia lúcida en desigual batalla, que se habría
afirmado a partir de los años noventa, cada vez con más vigor y desafío, con el
reconocimiento y valoración de los otros, a saber:
Debemos
y podemos lograr que el ámbito académico, centro de conocimiento y pensamiento,
no quede limitado al tipo de actividad teórica propiciado por el discurso
dominante, sino que se abra para considerar la heterogénea realidad cultural
que nos caracteriza y busque la plenitud de la autoconsciencia de modo que la
mujer poliándrica deje de ser ambivalente, caprichosamente cambiante,
sadomasoquista y se convierta en una latitud amplia, tibia y maternal donde
puedan encontrar aire respirable la totalidad de nuestro ser con sus
antagonismos y contradicciones en su tambaleante peregrinaje hacia la luz.
(2005:112)
Esta búsqueda . debe recurrir a las
artes de la palabra como “expresión privilegiada de autoconsciencia”, pero
también a la ciencia académica, que debe tener contactos estrechos con las
artes pues la frialdad del intelecto requiere de la “Caliente y sanguínea
dimensión de las artes.” (114) Ello
implica un reto epistemológico nada baladí que trascienda la barrera
europeizante., es decir, la construcción y reconstrucción de nuevos métodos y
de nuevos paradigmas.
De los
relatos de viaje de Por ti me cuento a
China (2007) sólo referiré a una anécdota importante relacionada con la música
popular, que revela de modo auroral, su aproximación desde la sensibilidad y la
humildad a los saberes otros, a las culturas preteridas, a los campesinos
merideños, andinos, llaneros, maestros y maestras de tradición.
De El
garrote y la máscara (2011), si bien remitiré a mi artículo: Los sentidos
lúdicos en El Garrote y la máscara (2015), debo decir que se hace una
valoración extraordinaria del Tamunangue o Son de Negros, de El Tocuyo,
Curarigua y otras poblaciones del Estado Lara, en un pleno reconocimiento de
las culturas populares y de los pueblos como “sujetos personoides”, creadores
colectivos de una obra de arte total:
…Sugerí
que tal vez podía haber una obra de arte que se desarrollara en el tiempo,
aceptando la dimensión del tiempo, sin perder identidad, como reflejando la
identidad cambiante de su creador, y en particular, tomando a cada pueblo como
creador expresando en esa obra su identidad en desarrollo de su ser o en
invención continua de su ser. (Brigue, 2011, p.71)
Evidentemente,
se reconoce en nuestra heterogeneidad cultural la presencia de las culturas populares
como un hecho de singular importancia, alcanzando una valoración importante sus
más variadas expresiones, tales como artesanía, arte popular, alimentación, juego,
arquitectura, artes plásticas, danza y música, reunidas muchas veces en torno a
la fiesta, al velorio, a la romería, al ritual.
En
Latinoamérica (2014), aunque presumiblemente escrito con anterioridad aborda
nuestra complejidad cultural desde tres aproximaciones: lo íntimo, lo lejano y
lo doloroso. Lo íntimo, es continuidad de ese estudio psicosocial del individuo
latinoamericano; lo lejano, es la gran historia de la migración humana y sus
consecuencias, y lo doloroso, es la lacerante injusticia social que
históricamente ha separado a la población latinoamericana, entre los que pueden
acceder a los bienes esenciales y los que no, constituyéndonos en el continente
social y económicamente más desigual del planeta.
Un
largo andar exploratorio en torno al latir del discurso salvaje lo habría llevado sin dudo al estudio verbal
–escrito y oral- accional, a los lenguajes, de las expresiones más cercanas a
nuestra sensibilidad más íntima, a las expresiones más auténticas de nuestro
ser, a entrever una especie de fragua sin descanso en que los hierros no
dejasen de sonar, una materia volcánica capaz de engendrar nuevas formas, un
crisol de nuevos elementos:
si
esas oscuras fuerzas creadoras, que constituyen lo más auténtico de nuestro ser
y que no han podido manifestarse sino negativamente, tuvieran libre campo de
acción, fueran liberadas de la red de estructuras formales que las ocultan y
oprimen, ¿a dónde conducirían? ¿Qué nuevas formas generarían? ¿A qué cultura
insospechada darían nacimiento? (Briceño Guerrero citado por Cisneros, 2011, 1)
Wilfrido
José González Rosario
Caracas,
1969. Integrante del Grupo de Estudios Críticos Culturales del Museo de Arte
Popular “Salvador Valero”, de la Red de
Promotores y Promotoras de la Lectura e Investigación Cultural. Licenciado en
Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad de los Andes.
Magister en Literatura Latinoamericana por la Universidad de los Andes. Narrador, Ensayista y promotor de lectura..

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